En tiempos del franquismo (período histórico que el gobierno se niega sistemáticamente a recordar) emitía Radio Pirenaica todos los días el anuncio de que era inminente la caída del Régimen. No recuerdo cuándo dejó de emitir, pero desde luego Franco no cayó por aquella ingenua antena, sino por múltiples arrechuchos que no supo atajar (o incluso provocó) el equipo médico habitual.
La Pirenaica también hablaba de la quiebra del poder estadounidense. No me adhiero al pronóstico, a juzgar por el monstruoso gentío que se ha concitado en ASCO10. Es notable la cara de felicidad que muchos ponen al zamparse unos bloques de pizza absurdamente gruesos. Yo creía que la pizza consistía en una fina base de pan, pero aquí el embutido descansa sobre el equivalente a dos barras de pan y lo aplasta medio kilo de queso semi-sólido.
El Hall D1, donde sin duda caben holgadamente todos los trajes de Camps y todos los caballos de Bono, acoge la discusión de los posters de cáncer de mama metastásico. Me asombra la puntualidad de estos tipos: 4 revisores, 4, cada uno discutiendo unos 5 trabajos, empiezan a las 12.03 y terminan a las 13.05. Yo gritaba para mis adentros ¡que les den la oreja!, pero quizá me dejé llevar por el entusiasmo y la gente, temiendo por sus orejas, desfiló en masa antes de que nadie lanzase ninguna pregunta a los ponentes. Pensé ponerme detrás gritando ¡y el rabo, que les den las 2 orejas y el rabo! Pero hubiera sido una irresponsabilidad. Sobre todo porque el servicio de seguridad, y no es broma, pertenece a una empresa que se llama ARMAGEDDON.
Que no, leches, que no es broma. A ver si alguno más se ha fijado.
sábado, 5 de junio de 2010
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2 comentarios:
¿Y los armageddones van por todas partes montados en sus segways, como en orlando?
Aprende, aprende y cuentanos todo a los que aquí nos hemos quedado.
Todos están rígidamente plantados, con una mirada hosca y taladrante, como si el pinganillo les estuviese carcomiendo los huesecillos del oído medio y no se lo pudieran confesar a nadie.
Voy andando hacia mi hotel bajo un cielo tontorrón, que titubea con ínfima llovizna, como una adolescente que está a punto de salir con esa blusa que sínosínosínosínosíno es la apropiada.
Y me cruzo con muchos desgraciados de esos que llaman homeless, la mayoría de piel negra y dudoso equilibrio psicológico. Algunos piden dinero, pero yo creo que los más se contentan con pegar la hebra, por ahuyentar a la soledad, que me parece peor que dormir sobre cartones.
Obama, negro y de Chicago, no parece capaz de resolverlo. Ganas me dan de mandarles a Zapatero. Así tendrían un tsunami cósmico y un Armagedón con patas.
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